viernes, 8 de julio de 2011

El controvertido chocolate

El chocolate, oriundo de México, llegó a España después de 1520, a partir de la conquista de Hernán Cortés. Desde nuestro país penetraría en Europa, primero en Flandes y años más tarde en Francia, en 1615, con ocasión de la boda de Ana de Austria, hija de Felipe III con Luis XIII.


A partir de su irrupción en el Viejo Continente, el chocolate despertó una ola de controversias. Durante el s.XII una catarata de libros versaron sobre este nuevo alimento, al que se atribuían virtudes medicinales, reconstituyentes e incluso afrodisíacas.


Así lo reconocía todavía en el s.XIX Brillat Savarin, quien lo recomendaba a intelectuales y amantes desfallecidos mezclado con ámbar gris (se empleó como fijador de perfumes. También se empleaba como especia, para dar sabor a los platos, puesto que su olor peculiar proporcionaba un sabor especial a la comida con la que se condimentaba. Se dice que el plato favorito de Carlos II de Inglaterra era huevos condimentados con ámbar gris, mientras que Isabel I lo utilizaba para perfumar sus guantes. Como puedes imaginar, sólo los muy ricos podían permitirse perfumes y comida “aderezados” con esta sustancia), combinación que él denominaba el "chocolate de los afligidos".


Del chocolate fueron devotos consumidores monjas, frailes y canónigos en general. Eran tiempos de ayunos exacerbados y cuaresmas severísimas y nada atendía mejor las necesidades de aquellas aflijidas comunidades que una bebida reconfortante que no ponía en peligro sus almas por lo que los religiosos se lanzaron a consumir incontables jícaras de chocolate. Hasta que en el s.XVII el tema crispó los ánimos y atizó la polémica eclesiástica, unos lo defendían y otros, por el contrario, insitían en que el chocolate no mitigaba los deseos lascivos, fin primordial del ayuno.



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